• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal

Polymatas

  • Biblioteca
  • Curso Pensamiento Crítico
  • Divulgación
    • Newsletter
    • Podcast
    • Artículos
    • Entrevistas
  • ✉

Desafiando “El Patriarcado” (1ª parte)

Historia, Política · 14/06/2025

Hoy empiezo una nueva serie que me motiva mucho, la he llamado: “Desafiando mis creencias”.

Durante la creación de mi Curso de Pensamiento Crítico, me he dado cuenta de que uno de los obstáculos principales para acercarme a la verdad son mis creencias más profundas. Estoy hablando de esas ideas que han arraigado en mi mente sin darme cuenta y que ya casi ni cuestiono.

Por muchas herramientas y habilidades que construya, si no soy capaz de revisar críticamente mis creencias, seguiré teniendo una visión de la realidad deformada.

Creo esta serie para exponer públicamente mis creencias y poner en práctica el pensamiento crítico para desafiarlas. Por cierto, esto es algo que nunca he visto hacer a ningún divulgador.

Hoy comenzaré por analizar la creencia de que el Patriarcado es el chivo expiatorio de las feministas radicales. ¡Empecemos!

También lo puedes escuchar en Spotify, iVoox y Apple.

Exponiendo mi creencia

Lo primero de todo es exponer sin tapujos mi creencia previa.

En mis veintes me consideraba feminista. Mis padres son de izquierdas y siempre me moví en un entorno progresista y claramente feminista, así que heredé sus ideas.

Al poco de independizarme empecé a conocer a personas más conservadoras, liberales, de derechas y mi visión política se fue transformando. Luego el feminismo se fue radicalizando en España y empecé a observar ciertas actitudes que no me gustaban. Me molestaba que se acusara a los hombres de opresores y que hablar con libertad sobre temas de género se hiciese cada vez más difícil.

Incluso llegué a tener algunos encontronazos con amigas feministas cuyas posturas me parecían injustas y sin una base sólida.

Todas estas experiencias se fueron acumulando hasta que llegué a tener una postura bastante crítica con el feminismo hegemónico. Pasé de considerarme feminista a alejarme de ese término porque lo asociaba a una postura fundamentalista.

No creo que te cuente nada nuevo si te digo que el concepto “Patriarcado” es uno de los más utilizados en el movimiento feminista. Mi sensación es que el feminismo utilizaba el Patriarcado como chivo expiatorio, como culpable de todos los problemas: la guerra, la pobreza, la desigualdad… Me parecía simplista y a veces absurdo usarlo con tanta ligereza.

Y así arraigó en mí esa creencia de que el patriarcado es el enemigo que el movimiento feminista necesitaba, pero que no tenía un fundamento real. Cuidado, nunca he pensado que todas las ideas relacionadas con el patriarcado eran un invento, pero sí que se utilizaba con mucha ligereza como explicación de todos los males de las mujeres.

Mi objetivo en este artículo es analizar críticamente el concepto de patriarcado desde una postura lo más objetiva posible, a sabiendas de mis creencias previas. Vamos allá.

¿Qué es el Patriarcado?

No hay una definición consensuada de, como suele pasar en estos casos. El significado etimológico procede de “patriarca”, la autoridad de la familia o el clan. Así que “patriarcado” significa “gobierno de los padres”. Sin embargo, el uso común que le damos al término procede de Gerda Lerner, historiadora que escribió La creación del patriarcado. En su obra Lerner propuso la definición más influyente para los estudios feministas: “Patriarcado, en su definición más amplia, es la manifestación y la institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y los niños de la familia y la ampliación de ese dominio masculino sobre las mujeres a la sociedad en general. Ello implica que los varones tienen el poder en todas las instituciones importantes de la sociedad y que se priva a las mujeres de acceder a él. No implica que las mujeres no tengan ningún tipo de poder o que se las haya privado por completo de derechos, influencia y recursos.”. La socióloga Silvia Walby más más allá y define el patriarcado como “un sistema de estructuras sociales interrelacionadas a través de las cuales los hombres explotan a las mujeres.”

A efectos de este artículo, usaré una definición en el que ambas autoras estarían de acuerdo, y me alejaré de la definición etimológica ya que no es la que se usa comunmente. Esta es la definición que voy a usar: “régimen de poder masculino sobre las mujeres, construido e institucionalizado a lo largo de la historia.”

¿Se usa el término de forma política?

Sin duda. Más allá de los estudios académicos rigurosos, el término “patriarcado” no es neutro. Desde la década de 1970, ha sido un eje central del activismo feminista. Para muchos activistas es un arma de combate. Para Daniel Jiménez, escritor del ensayo Deshumanizando al varón, este uso político insinúa que el hombre es el único beneficiario y perpetuador del sistema, algo en lo que él no está de acuerdo. Por cierto, Gerda Lerner tampoco está de acuerdo, en su libro La creación del patriarcado dice lo siguiente:

“El uso de la expresión subordinación de las mujeres en vez de la palabra «opresión» tiene otras ventajas. Subordinación no tiene la connotación de intención perversa por parte del dominador; existe la posibilidad de una colisión entre éste y el subordinado. Incluye la posibilidad de la aceptación voluntaria del estatus de subordinación a cambio de protección y privilegios, condición que tanto caracteriza la experiencia histórica de las mujeres. Emplearé el término «dominación paternalista» para esta última relación. «Subordinación» incorpora otras relaciones además de la de «dominación paternalista» y posee la ventaja adicional por encima de «opresión» de que es neutral en lo que concierne a las causas de la subordinación.”

Es decir, Lerner cree que “opresión” no es un buen término para designar la relación entre hombres y mujeres, prefiere “subordinación”.

Tampoco estaría de acuerdo en que ha sido un creación interesada del hombre: “El patriarcado es una creación histórica elaborada por hombres y mujeres en un proceso que tardó casi 2.500 años en completarse.”

Por lo que yo he podido comprobar leyendo a varias teóricas feministas del patriarcado, ninguna considera que el creador del patriarcado sea el hombre en exclusiva, y tampoco que la mujer sea la única perjudicada. Pero mi sensación es que el uso del término fuera del contexto académico a menudo se usa de ese modo.

¿Es el patriarcado un invento del feminismo?

No. si nos vamos a la definición de Lerner, el patriarcado es un hecho histórico difícil de esquivar. Pero la mayoría de la literatura académica coincide en que el patriarcado no existió siempre. Las evidencias arqueológicas y antropológicas sugieren que en las sociedades cazadoras-recolectoras paleolíticas no había jerarquías rígidas de género ni jefes de familia varones. Existía división del trabajo, pero no había un dominio del hombre sobre la mujer.

Parece que hasta que nuestros antepasados no empezaron a cultivar la tierra y acumular grano y reses, no había tal cosa llamada patriarcado. Pero tras la Revolución Agrícola, se dieron varias circunstancias que pudieron cambiarlo todo.

La más relevante es que por primera vez se acumularon cosas. Antes las bandas nómadas no podían llevar casi nada a cuestas, pero al fijar su residencia en aldeas, los hombres del neolítico se pusieron a pensar en como podían legar las herramientas, los animales y la casa a sus hijos. Eso los llevó a preocuparse más por quiénes eran sus hijos. Y eso llevó al control de la mujer a través de prohibiciones y castigo. Los hombres siempre han sido más fuertes y agresivos que las mujeres, así que eso no fue un gran problema. Para los hombres de las bandas de cazadores-recolectores, también era importante saber quiénes eran sus hijos. Ya existía el control de la mujer antes de la Revolución Agrícola, pero no es hasta el neolítico que este control se hace más férreo.

Y con el tiempo fueron más allá. Los legisladores, todos ellos hombres, llevaron al papel lo que eran leyes no escritas. En el código de Hammurabi, datado en el 1750 AC en Mesopotamia, se explicita la asimetría legal entre hombres y mujeres.

“Si la esposa de un hombre es hallada acostándose con otro hombre, ambos serán atados y arrojados al agua, a menos que el esposo de la mujer quiera perdonarla y el rey quiera perdonar a su siervo.”

Por contra, no existía una ley específica que regulase el adulterio masculino.

Sin embargo, no debemos pensar que la mujer estaba completamente indefensa, no era así. Por poner sólo un ejemplo. La dote (seriktum), aunque administrada por el marido, pertenecía a la mujer y debía ser restituida en caso de divorcio o fallecimiento del esposo. Esta disposición buscaba protegerla.

Esto ya es subjetivo, pero personalmente concuerdo con la postura de Daniel Jiménez. El patriarcado, más que oprimir y explotar a la mujer, la infantiliza. Se le quitan derechos y autonomía a cambio de protección y recursos.

Por otra parte, si uno lee con detenimiento las leyes de Hammurabi, u otros códigos legales antiguos, lo que ve sobre todo es un patriarcado en el sentido etimológico de la palabra. Es decir, un sistema en el que la autoridad máxima es el padre. Su dominio no es sólo sobre la mujer, también lo es sobre los hijos varones.

Mesopotamia no es un ejemplo escogido a dedo, en muchas de las civilizaciones antiguas: en Grecia, Roma, China, las mujeres tenían menos poder y autonomía que los hombres. Salvo unas pocas excepciones carecían de poder político, religioso y militar. El proceso no fue inmediato ni homogéneo, pero hacia la Edad de Hierro (1200-600 a.C.), la dominación masculina se había convertido en el modelo dominante de organización familiar y social en Eurasia y el norte de África.

Y si seguimos recorriendo la historia.

No es hasta finales del siglo XIX que empiezan a temblar los cimientos del patriarcado. Durante siglos, la estructura patriarcal apenas varía. Aunque a finales de la Edad Media se abren pequeñas grietas: por ejemplo, en Castilla, la dote y ciertos bienes de la mujer estaban protegidos legalmente. Son avances limitados, pero muestran que el poder del varón nunca fue absoluto.

En 1839, en plena Revolución Industrial, sucede un evento histórico. Se firma la ley de propiedad conyugal en Mississippi. Poco después, llegan las reformas británicas. Por primera vez, una mujer casada puede poseer bienes a su nombre y protegerlos de las deudas de su marido. A estos avances les siguen el acceso femenino a la universidad y el derecho al voto, que en países pioneros como Nueva Zelanda y Finlandia se alcanzan a finales del XIX y principios del XX. Es en ese momento cuando la mujer empieza a ser reconocida como ciudadana de pleno derecho.

Mapa con los años donde la mujer consiguieron el derecho al voto

Durante el siglo XX, la igualdad se extiende al ámbito laboral y civil: se eliminan restricciones para trabajar, llegan las leyes de igualdad salarial y el derecho al divorcio. En España y en buena parte de Europa, el patriarcado legal se desmonta definitivamente en los años setenta y ochenta.

50 LIBROS PARA COMPRENDER EL MUNDO

¿Quieres que te guíe en el camino hacia la polimatía? Si no quieres comprar ni un libro mediocre más, si quieres leer solo los grandes libros y aprovechar al máximo tus lecturas y además deseas compartir este viaje con otros aprendices de polímata, la Biblioteca Polymata fue creada para ti.

Saber más sobre la Biblioteca

¿Persiste el patriarcado a día de hoy?

Una de las grandes quejas de muchos escépticos del patriarcado es que es algo desfasado, que ocurrió hace mucho tiempo, pero que ya no aplica a día de hoy en los países occidentales. Las mujeres tienen igualdad de derechos en todos los países occidentales desde hace tiempo, ¿no es así?

Bueno, antes de nada, si tienes menos de 50 años, quizás no seas consciente que en países tan avanzados como Suiza, Francia o Alemania, hace cinco décadas había leyes completamente anacrónicas. Veamos algunos ejemplos:

  • En Alemania occidental hasta 1977, la ley establecía que la mujer debía “gestionar el hogar” y sólo podía trabajar fuera de casa si no perjudicaba sus deberes familiares.
  • En el cantón Suizo de Appenzell Innerrhoden, las mujeres obtuvieron el derecho al voto cantonal sólo en 1991… ¡por sentencia del Tribunal Supremo federal!
  • En Grecia, hasta 1983, el marido tenía autoridad legal para decidir sobre la residencia familiar, y la mujer debía obedecer.
  • En España, hasta 1981 (un año antes de que yo naciera), el padre tenía preferencia en la patria potestad.
  • En Francia, el país progresista por excelencia, hasta 1965, una mujer casada no podía abrir una cuenta bancaria, administrar sus bienes ni aceptar un empleo sin el consentimiento de su marido. En España pasaba algo similar hasta 1975.

Vamos que si tienes mi edad, tu madre y tus abuelas vivieron en una sociedad completamente patriarcal en la que se trataba a la mujer como a una menor.

Vale, vale, pero qué pasa hoy, en 2025, en España y Occidente. Todo eso está superado, ¿no?

Desde el punto de vista legal sí. Aún con todo, algunos movimientos feministas siguen afirmando que arrastramos la inercia de siglos y que todavía las actitudes y prejuicios de muchos hombres y mujeres hacen que en la práctica, sigamos viviendo en un sistema patriarcal. ¿Qué pruebas ponen encima de la mesa?

¿Pruebas de que el patriarcado persiste?

Pues los sospechosos habituales:

  • La violencia machista y sexual
  • El techo de cristal (falta de mujeres en puestos de alto estatus)
  • La brecha salarial
  • La mayor participación de la mujer en las tareas domésticas
  • etc.

Hagamos un breve repaso a la evidencia que existe en estas cuestiones:

  • Una de cada tres mujeres sufre violencia física o sexual a lo largo de su vida y en España se registran cada año entre 45 y 50 feminicidios.
  • En el ámbito político, las mujeres ocupan el 43 % de los escaños en el Congreso español, pero sólo el 22 % de las alcaldías y la presencia de mujeres en la jefatura de Estado o de Gobierno sigue siendo minoritaria en el mundo.
  • En la esfera económica, las cuotas han permitido avanzar hasta el 34 % de mujeres en los consejos de administración de las grandes empresas europeas (41 % en el IBEX-35 español), pero sólo un 11 % llega a la máxima dirección ejecutiva (CEO). (Ver ref)
  • La brecha salarial no ajustada en España es alrededor del 12%. Eso no significa que las mujeres ganen menos por dicriminación, puede haber múltiples motivos no relacionados con ello.
  • Además, las mujeres siguen dedicando casi el doble de tiempo al trabajo doméstico y de cuidados que los hombres, lo que limita su disponibilidad para el desarrollo profesional.

Así que… parece que tienen razón las feministas, al menos si nos quedamos con esto. A pesar de que hombres y mujeres tenemos los mismos derechos, ellas siguen sufriendo el peso de esa estructura en la sombra que llamamos el patriarcado.

Volvamos a la definición inicial de patriarcado:

“régimen de poder masculino sobre las mujeres, construido e institucionalizado a lo largo de la historia.”

Me pregunto cuántas de las desigualdades entre hombres y mujeres que señalan las feministas para defender la persistencia del patriarcado son una consecuencia del poder institucionalizado de los hombres sobre las mujeres. Mi punto de vista:

La violencia física y sexual que sufren las mujeres es consecuencia en parte de una desventaja clara de fuerza y capacidad para ejercer la violencia. Así como de una mayor líbido por parte de los hombres, mayor agresividad y una menor aversión al riesgo. Algunos hombres se aprovechan de su fuerza para ejercer un poder físico sobre las mujeres, sobre todo cuando no existe leyes, sanciones y normas culturales que lo mantengan a ralla. Sin embargo, y esto es una opinión personal, no creo que en Occidente haya institucionalización del maltrato ni de la violación. A no ser que creas que la policía y los tribunales favorecen a los hombres sistemáticamente en casos de maltrato y violación.

Si evaluamos la diferencia en puestos de poder, es cierto que los hombre siguen ostentando más puestos de poder, aunque la brecha se va reduciendo. Pero para defender la existencia del patriarcado, deberíamos concluir que dicha diferencia está institucionalizada y se da porque los hombres no dejan que las mujeres prosperen. Creo que esta afirmación es muy dudosa. De hecho, la ley discrimina positivamente a las mujeres para que ostenten más puestos de poder en muchos países occidentales. Lo que sí me encaja es que la preferencia de los hombres por ganar más dinero y poder, y la de las mujeres por tener hijos y pasar tiempo con ellos, perjudique a las mujeres que no están dispuestas a pagar el peaje de la disponibilidad que requieren los puestos de alta dirección.

Algunas leyes y normativas de discriminación positiva hacia la mujer:

ÁmbitoNorma (año)Medida de acción positiva
Política y cargos públicosLO 3/2007 de Igualdad efectiva – art. 52Objetivo 40 % mínimo de cada sexo en el Gobierno, altos órganos del Estado y empresas públicas.(noticias.juridicas.com)
LOREG (reforma 2007 & 2018)Listas electorales deben alternar sexos y respetar el 40-60 % en cada tramo de cinco nombres.(elecciones.mir.es)
LO 2/2024 de representación paritariaEleva a 40 % la cuota obligatoria en: · Consejo de Ministros y direcciones ministeriales · Cúpula de la Justicia (CGPJ, TC, jurados de oposición) · Consejos y comités ejecutivos de cotizadas y grandes empresas (+250 M € facturación o +1 000 trabajadores) antes de 2026.(boe.es)
Empresa privadaRDL 6/2019Rebaja a 50 trabajadores el umbral para exigir un Plan de Igualdad negociado y auditar su cumplimiento.(boe.es)
RD 901/2020Detalla cómo elaborar y registrar esos planes; la Inspección multa hasta 225 000 € por incumplir.(boe.es)
RD 902/2020Obliga a todas las empresas a llevar un registro salarial y a valorar los puestos “de igual valor” para detectar brecha.(boe.es)
Bonificaciones a la contratación (art. 21 Ley de Empleo 2023 + órdenes SEPE)Reducción/bonificación de cotizaciones para contratar mujeres en profesiones masculinizadas, mayores de 45 años o víctimas de violencia de género.(sepe.es, obz.es)
Función públicaEBEP + LO 3/2007Tribunales de oposición y nombramientos deben respetar la ratio 40-60 %; cuando haya empate de méritos puede preferirse al sexo infrarrepresentado.(noticias.juridicas.com)
Protección y justiciaLO 1/2004 de Violencia de GéneroCrea juzgados específicos, órdenes de protección exprés y tipifica la violencia contra la pareja o ex-pareja mujer con penas agravadas.(boe.es)
Igualdad de trato transversalLey 15/2022Autoriza “acciones positivas razonables y proporcionadas” siempre que persista desventaja femenina (educación, vivienda, empleo, publicidad, etc.).(boe.es)

En cuanto a la brecha salarial, los estudios más avanzados apuntan a que esa brecha es mucho más reducida de lo que se pensaba. La diferencia de ingresos medios entre hombres y mujeres tiene muchas explicaciones, pero la mayoría tienen causas que nada tienen que ver con la discriminación. Las diferencias de salario/hora se reducen mucho cuando eliminas de la ecuación factores como la educación la experiencia, el sector, el puesto de trabajo, etc.

Aún así persiste. ¿Por qué? La explicación que da la premio Nobel de economía Claudia Goldin es que la brecha salarial no explicada se debe a la penalización por maternidad. Cuando las mujeres reducen o interrumpen su jornada para cuidar hijos, sufren ralentizaciones en promociones y reciben ofertas salariales menores al reincorporarse. Esto se agrava por evaluaciones internas que premian la disponibilidad plena y por sesgos que perciben a las madres como menos comprometidas. Para eliminar esa diferencia residual, Goldin propone permisos parentales iguales, guarderías asequibles, trabajo verdaderamente flexible y transparencia salarial. Aquí tampoco veo mucho rastro del patriarcado.

¿Y qué pasa con el trabajo doméstico y los cuidados? Aquí sí que nos encontramos con una diferencia radical en el tiempo que dedican hombres y mujeres, lo que lastra a la mujer claramente a la hora de hacer otras cosas. ¿Quién tiene la culpa? ¿Los hombres? ¿El patriarcado? Al parecer la predisposición biológica propia de mujeres y hombres puede explicar la asimetría inicial, pero las normas sociales la refuerzan. En países con permiso forzado de paternidad, ayudas de guarderías y cultura de igualdad esas diferencias se reducen (aunque siguen ahí).

En resumen, las feministas tienen razón cuando dicen que persiste cierta desigualdad de poder entre hombres y mujeres en ámbitos como la violencia, los puestos de poder y el trabajo doméstico. Estas diferencias ya no se deben a leyes opresoras sino a causas multifactoriales a veces muy difíciles de identificar. Sesgos, inercias y… sí, biología.

loader

Polymatas

Ej. de newsletter

Artículos relacionados:

  1. El Horror
  2. Profundidades de la política (II): Retener el poder
  3. Profundidades de la política (I): Los orígenes
  4. Resumen extenso – Armas, gérmenes y acero

Archivado en: Historia, Política Etiquetado con: feminismo, historia, patriarcado

Val Muñoz de Bustillo

Interacciones con los lectores

Comentarios

  1. Jose Vazquez dice

    15/06/2025 en 14:57

    Llamar “violencia de género” a lo que en el fondo es la violencia del fuerte contra el débil es, como mínimo, intelectualmente deshonesto. Los hombres golpean más a las mujeres porque son más fuertes. Punto. No porque todos estén poseídos por el patriarcado. Y si miramos quiénes maltratan más a niños y ancianos, la estadística no falla: son las mujeres. También ahí, más fuertes frente a más débiles. Pero claro, eso no encaja en el guion ideológico dominante. Lo que molesta no es la violencia, sino quién la ejerce. Si el agresor no es hombre blanco heterosexual, mejor mirar para otro lado.

    Responder
    • Val Muñoz de Bustillo dice

      16/06/2025 en 20:18

      Gracias por tu comentario, Jose.

      Saludos!

      Responder
  2. Eduardo Cabrera dice

    16/06/2025 en 02:46

    Excelente artículo, Val.
    Concuerdo con respecto a que aun subsisten trazas de patriarcado, pese a que las feministas más radicalmente extremistas (es decir, las que pululan en la burocracia estatal, hoy día) dicen ver patriarcado por todos lados; aunque poco dicen del patriarcado realmente existente en los países dominados por extremistas religiosos y patriarcales.

    Diría que en los países de occidente subsisten algunos rasgos del patriarcado, pero también hay que señalar que en varios aspectos también existe una preferencia de signo contrario -e injustificada- por la mujer, como se observa, por ejemplo, en la cuestión de la tenencia de los hijos tras los divorcios, o en las cuestiones relacionadas con la llamada “violencia de género”, en donde la declaración de la mujer se sobrepone por sobre el principio de inocencia.

    No es un tema menor el de que el feminismo hegemónico se nutre y expresa en buena medida de viejas concepciones dogmáticas postmodernas y rechaza más o menos abiertamente al saber científico, la psicología evolucionista y la biología en general.

    El movimiento feminista explota con mucha ligereza la existencia histórica del patriarcado y no acusa recibo de los cambios ocurridos en el último siglo. Para peor, demoniza a los hombres en general y sus dirigentes luchan más por sus intereses personales que por los de las mujeres que dicen defender. Así, una buena parte de la sociedad, les da la espalda, y los sectores más tradicionalistas se aprovechan de esto, y muchos progresistas, por su lado, se lastran el discurso feminista sin filtros.

    Responder
    • Val Muñoz de Bustillo dice

      16/06/2025 en 20:20

      Gracias Eduardo por tu comentario, en el capítulo que publicaré en un par de semanas reflexiono sobre algunas de las cuestiones que comentas. Ya me dirás qué te parece.

      Saludos!

      Responder
  3. Sabela dice

    16/06/2025 en 19:00

    El debate está servido…
    No estoy nada de acuerdo. Creo que las desigualdades son estructurales y están reforzadas por instituciones, no son simples percepciones.
    Sobre lo que dices de los tribunales: sabemos que en juicios de violación se cuestiona a la víctima por su ropa o comportamiento, algo irrelevante en otros delitos (no veo que si te roban la cartera tengas que justificar cuánto asomaba por el bolsillo). Esto no es “favorecer”, es deslegitimar sistemáticamente a las mujeres.
    Por otro lado, atribuir la violencia masculina a la fuerza o libido es reduccionista: hay múltiples estudios que prueban que la violencia responde más a dinámicas de dominancia, frustración o rasgos antisociales, no a la biología per se. En el día a día, hay personas fuertes que no agreden. La violencia es compleja: sociológica, psicológica, no sólo biológica.
    Igualmente, decir que las mujeres son biológicamente propensas a tareas domésticas o cuidado es una falacia. Las tareas del hogar no nacen de la biología; nacen del rol social asignado, del sistema patriarcal que ha vinculado mujeres con cuidadoras desde siglos atrás. El peso que asumimos no es “natural”, sino construido socioculturalmente.
    Otro ejemplo de discriminación paternalista institucional se da cuando una mujer va a dar a luz y debe decidir su anestesia un mes antes, pues se considera que el día del parto “no está en condiciones” (¿pasa esto con una cirugía normal?). La violencia obstétrica es otra muestra de esa violencia institucional, que se repite en otros sistemas.
    Si nos atenemos a la definición que escoges como buena («régimen de poder masculino sobre las mujeres, construido e institucionalizado a lo largo de la historia»), yo creo que, lamentablemente, sigue vigente, a pesar de los múltiples avances que se han hecho y se siguen haciendo para construir una igualdad real, que se empieza a percibir no sólo en cómo se trata a las mujeres, sino a los hombres, como iguales capaces de cuidar, paternar y no agredir.
    Un saludo.

    Responder
    • Val Muñoz de Bustillo dice

      16/06/2025 en 20:47

      Hola Sabela!

      Gracias por tu comentario.

      Creo que en ningún sitio de mi artículo digo que las desigualdades sean simples percepciones. De hecho, hablo de desigualdades reales y muestro la evidencia. Lo que pongo en duda es la institucionalización de esas desigualdades. Creo que ahí, como poco, hay debate.

      Tampoco digo que el origen de la violencia sea únicamente biológico. Literalmente digo esto:

      “La violencia física y sexual que sufren las mujeres es consecuencia en parte de una desventaja clara de fuerza y capacidad para ejercer la violencia. Así como de una mayor líbido por parte de los hombres, mayor agresividad y una menor aversión al riesgo. Algunos hombres se aprovechan de su fuerza para ejercer un poder físico sobre las mujeres, sobre todo cuando no existe leyes, sanciones y normas culturales que lo mantengan a ralla.”

      Estoy de acuerdo en que las condiciones sociales influyen, por eso digo “en parte” y “sobre todo cuando no existe leyes, sanciones y normas culturales que lo mantengan a ralla.”. Hago hincapié en la parte biológica porque es la que las feministas suelen obviar y me parece fundamental. Porque antes que sociedad hay biología. Pero sí, la violencia es compleja, en eso estamos de acuerdo.

      Dices “decir que las mujeres son biológicamente propensas a tareas domésticas o cuidado es una falacia”. Cuando digo: “¿Y qué pasa con el trabajo doméstico y los cuidados? Aquí sí que nos encontramos con una diferencia radical en el tiempo que dedican hombres y mujeres, lo que lastra a la mujer claramente a la hora de hacer otras cosas. ¿Quién tiene la culpa? ¿Los hombres? ¿El patriarcado? Al parecer la predisposición biológica propia de mujeres y hombres puede explicar la asimetría inicial, pero las normas sociales la refuerzan. En países con permiso forzado de paternidad, ayudas de guarderías y cultura de igualdad esas diferencias se reducen (aunque siguen ahí).”

      No quiero insinuar que las mujeres tengan un gen de fregar ni nada parecido. Pero las mujeres tienen a los hijos y eso supone embarazo, parto y lactancia, y eso no lo podemos obviar. Eso ha provocado que durante buena parte de las historia las mujeres pasasen mucho tiempo en casa cuidando de los niños y el hombre fuera. Es una adaptación a una realidad biológica, aunque estoy de acuerdo, y lo menciono en el texto, que las normas sociales son muy imporantes.

      Saludos!

      Responder
      • Sabela González Panizo dice

        17/06/2025 en 09:29

        Gracias, Val.
        Nuestros sesgos nos hacen resaltar partes distintas del texto y entender el mensaje hacia nuestro lado. Sigo sin estar de acuerdo en todo pero entiendo por dónde vas.
        Un abrazo!

        Responder

Responder a Val Muñoz de Bustillo Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Polymatas Copyright © 2026 Política de cookies | Política de privacidad | Contacto