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Desafiando “El Patriarcado” (2ª parte)

Historia, Política · 28/06/2025

Hace un par de semanas comencé una nueva serie a la que he llamado “Desafiando mis creencias”. En el primer artículo comenzaba analizando con la mayor objetividad de la que soy capaz una de mis creencias más arraigadas: “que el patriarcado es un chivo expiatorio de las feministas radicales”.

En ese primer artículo definía “patriarcado” de la siguiente manera: “régimen de poder masculino sobre las mujeres, construido e institucionalizado a lo largo de la historia.”

Y llegaba a las primeras conclusiones de mi investigación:

  • El patriarcado ha existido desde el neolítico, desde que los hombres empezaron a acumular cosas y a dejar herencia a sus hijos. Esto aumentó el control de las mujeres por parte de los hombres. Estos querían saber si estaban alimentando a sus hijos o a los hijos de otros.
  • El patriarcado no empezó a deshacerse hasta hace siglo y medio, con las primeras leyes que protegían las posesiones de las mujeres casadas.
  • Alrededor de los años 80 del siglo pasado las últimas leyes que perpetuaban el poder de los hombres en Occidente, fueron abolidas.
  • Desde los años 80, muchas feministas afirman que el patriarcado sigue existiendo en forma de costumbres, prejuicios y sesgos que perpetúan la subordinación de la mujer por parte del hombre.
  • Esos rastros del patriarcado son evidentes, según ellas, en forma de violencia sexual y machista, brecha salarial, reparto desigual de las tareas y poder político y económico. Vimos que efectivamente muchas de estas afirmaciones estaban apoyadas por los datos.
  • Lo que no estaba tan claro era el origen institucional de dichas diferencias. Algunas pueden tener una base biológica, amplificada por normas sociales heredadas y quizás haya algunos sesgos machistas todavía. Pero la ley está apoyando a las mujeres mediante cuotas y discriminación positiva.

¿Qué es lo que me dejé en el tintero?

Quiero hablar de varias cuestiones que me parecen clave para comprender el fenómeno del patriarcado.

  • En primer lugar la ausencia casi total en el discurso feminista de las influencias biológicas en las diferencias entre hombres y mujeres (y en la conformación del patriarcado).
  • Además, quiero hablar de cómo el patriarcado ha influido e influye en los hombres negativamente.
  • Por último, me gustaría hacer algunas reflexiones que suelen quedar fuera del discurso mayoritario y que me parecen fundamentales para tener una visión más amplia del patriarcado. ¡Empecemos!

También lo puedes escuchar en Spotify, iVoox y Apple.

La maldita biología

Una de las causas principales de mi irritación con el feminismo es la urticaria que les producen términos como “genes”, “biología” o “instintos”. Casi siempre que menciono el instinto maternal en una conversación con una feminista, lo habitual es escuchar que eso no existe, o que existe pero que también existe el instinto paternal. Es como si quisieran eliminar el componente biológico en su discurso. Entiendo sus motivos. Según ellas, aceptar diferencias genéticas importantes entre hombres y mujeres sería como aceptar que estamos determinados a ciertos gustos y comportamientos, lo que sería equivalente a justificar esos gustos o comportamientos.

Simone de Beauvoir, filósofa y activista feminista, afirmó que “no se nace mujer, se llega a serlo”, lo que subraya que las diferencias biológicas no determinan el contenido masculino o femenino del individuo, sino que este es un “artificio, una construcción que aprendemos e incorporamos”.

Yo estoy de acuerdo (y es un hecho) en que las diferencias biológicas no determinan. “Determinar” es una palabra muy fuerte. Ningún factor aislado determina a nada a nadie; la vida es resultado de millares de factores interactuando entre sí. Pero pasar del “no determina” al “no influye” o al “no es importante”, me parece un error lógico gigantesco.

Pongamos un ejemplo para que todos lo entendamos. Imagina que en un debate sobre la violación, alguien dice que los hombres tienen más líbido que las mujeres y aporta razones biológicas. Habla de testosterona, de evolución y todas esas cosas que incomodan a muchas feministas. Eso no significa justificar la violencia ni negar la influencia de la cultura; simplemente señala que existen diferencias biológicas en promedio. En muchos debates, lo biológico se rechaza de entrada, como si hablar de testosterona fuera excusar a los violadores. Sin embargo, ignorar la biología lleva a una visión parcial del problema. Para entender y prevenir la violación, hay que tener en cuenta tanto la cultura como la biología.

La antítesis de “la biología no importa” del feminismo radical, es la idea expuesta por Steven Goldberg en su libro La invevitabilidad del patriarcado. Según él, todas las sociedades han sido y serán patriarcales porque la testosterona masculina empuja a los hombres a buscar el estatus a través de la dominancia. Y la búsqueda del estatus no tiene otro fin que reproducirse. Esta tesis ha sido muy discutida, pero en una cosa tiene razón Goldberg: nunca ha existido una sociedad matriarcal en el sentido de una sociedad dominada por mujeres. Y eso no es casualidad. Hay fuerzas biológicas que empujan a los hombres hacia un lado y a las mujeres hacia otro.

Lo que está claro cuando comparamos una sociedad opresivamente patriarcal como el Afagnistán actual donde las niñas dejan la escuela tras la primaria, el empleo femenino está vetado casi por completo, las mujeres solo pueden moverse con un guardián masculino y no tienen voz política, con una sociedad como Islandia donde las mujeres estudian y trabajan al mismo nivel que los hombres y ocupan cerca de la mitad del Parlamento, es que la biología admite un gran margen de acción. Y dado que poco podemos hacer sobre la biología, debemos centrarnos en la educación. En eso estoy de acuerdo con las feministas, pero negar la existencia de instintos y tendencias solo da más voz a los que tachan el feminismo de acientífico.

Un ejemplo de la influencia de los genes, se puede ver en los países escandinavos, con mayor igualdad de género. Al fenómeno social que ha surgido durante las últimas décadas en Noruega, Suecia, Dinamarca y Filandia se le ha llamado la paradoja escandinava. Esta consiste en que en los países donde la mujer tiene mayor libertad y apoyo, las diferencias en las elecciones profesionales entre hombres y mujeres se acentúan. Más mujeres eligen trabajos relacionados con el cuidado y más hombres optan por ingeniería o tecnología. Al parecer, al eliminarse las barreras externas, afloran más las preferencias innatas.

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El patriarcado también perjudica a los hombres

Junto con la biología, otro de los grandes olvidados de parte del feminismo son los perjuicios que el mismo patriarcado tiene sobre los hombres.

El movimiento feminista se ocupa principalmente de reclamar más poder para las mujeres, mejores sueldos, compartir las labores dométicas y cuidado… pero ha dejado de lado a los hombres. Imagino que al considernos unos privilegiados, que tengamos algunos problemas “propios de hombres” no es algo tan malo.

Cuando entramos en el terreno de la evaluación moral, debemos entender que el patriarcado no fue diseñado por los hombres para someter a las mujeres. El patriarcado es producto de la evolución cultural que “ha diseñado” sociedades que se han adaptado a los nichos en los que habitaban.

Piénsalo bien. Si el patriarcado dotase a hombre de un poder absoluto, ¿por qué decidiría el hombre ir a las guerras a morir en masa? O ¿por qué realizaría trabajos tan duros y poco agradecidos a la intemperie, en el mar y bajo tierra? ¿No tendría más sentido que se hubiese quedado con lo mejor de la vida y hubiese mandado a la mujer a sufrir como si fuesen esclavas? Esto es absurdo, pero lo planteo para que entendamos que el patriarcado es un producto de la evolución cultural que ha sido moldeado por hombres y mujeres, en determinados contextos culturales. Eso sí, no olvidemos que esa evolución no ocurrió “en el aire”, sino que vino dirigida por las diferencias biológicas entre hombres y mujeres.

El resultado es un conjunto de normas sociales, leyes y hábitos hasta cierto punto adaptativos. Pongamos un ejemplo. Imagina una sociedad patriarcal como la espartana. Liderada por hombres fuertes. ¿Por qué no enviaban a las mujeres a la guerra? Simple: porque ellos no podían tener hijos ni darles de mamar. Incluso si obviamos esto, las mujeres no habrían tenido nada que hacer contra ejércitos de hombres el doble de fuertes y agresivos. La evolución cultural haciendo lo que hace: modifica las culturas adaptándolas al medio para que sigan existiendo.

A pesar de lo atroz de las guerras antiguas, los hombres iban al frente a morir por su pueblo. Esto es extensible a otras situaciones menos llamativas pero no menos importantes. El invento del arado fue una de esas cosas que empujó al patriarcado sin que nadie lo dirigiera. El arado hizo mucho más productiva la tierra, pero también exigía mucha más fuerza que el trabajo con azadas u otras herramientas más ligeras. Por lo tanto, en muchas de las sociedades que adoptaron el arado, los hombres ganaron poder económico y el resto es historia.

¿Era agradable estar todo el día arando la tierra? No lo creo, pero los hombres lo hacían porque conseguían hacer más en menos tiempo. El arado les confirió poder, pero también responsabilidad.

Y para mí aquí está una de las claves de un análisis equilibrado sobre el patriarcado. El sistema patriarcal dio poder al hombre, pero también mucha responsabilidad y sufrimiento. Y al igual que no puedes evaluar una empresa calculando únicamente sus ingresos (e ignorando sus gastos), no puedes evaluar el patriarcado teniendo únicamente en cuenta sus beneficios.

El poder no lo es todo. Es central en la teoría feminista, pero el poder no lo es todo.

Igual que en el primer artículo mencioné varias cargas que todavía afectan a las mujeres, herencia del patriarcado, me gustaría mencionar algunos efectos colaterales negativos que afectan a los hombres:

  • Los asesinatos y muertes violentas afectan desproporcionadamente a los hombres. El 81 % de las víctimas de asesinato en el mundo son varones. (unodc.org)
  • Los hombre se suicidan mucho más que las mujeres. En 2023 el 73,9 % de los suicidios fueron hombres. (elpais.com)
  • Los hombres mueren mucho más en accidentes de trabajo que las mujeres. el 91 % de las 796 muertes en el trabajo correspondieron a hombres. (rtve.es)
  • Los hombres son mayoría en trabajos peligrosos y duros como la pesca en alta mar, la minería, la construcción y el ejército.
  • Hay más hombres sin hogar. En 2022, en España el 76,7 % de las 28.552 personas sin techo eran hombres. (ine.es)
  • Los hombres consiguen muchas menos custodias que las mujeres. Solo el 3,5 % fue otorgada al padre, frente al 47,8 % a la madre (48,4 % compartida). (elpais.com)

Si observas estos datos que perjudican a los varones y los comparas con los que vimos en el artículo anterior que perjudicaban a las mujeres, algo llama la atención. La violencia de género y el techo de cristal parecen consecuencia del poder que el hombre ostenta sobre la mujer. Como si de algún modo tuviera puesta la bota en su cabeza. Por contra, los accidentes de trabajo mortales, los suicidios y los homicidios parecen causa de una asunción de riesgos del hombre que poco tiene que ver con las mujeres. Es decir, los males del hombre no son causados por las mujeres, al revés, pareciera que sí.

Aunque no estoy de acuerdo del todo con esta tesis, sí que compro la siguiente:

El patriarcado afecta a hombres y mujeres de distinta forma. Las mujeres sufren por su falta de libertad y por su subordinación al hombre. Los hombre sufren por una alta asunción de riesgos y responsabilidades en su papel de líderes proveedores.

¿Son sólo legítimas las quejas de las mujeres?

Entonces, ¿la mujer está más legitimada para quejarse porque a ella “le obligan” y es el hombre “quien se obliga a sí mismo”? Espero que se entienda esta idea porque es importante. Desde fuera parece obvio que la mujer violada nada puede hacer por evitar su violación, mientras que el hombre que va a la guerra lo hace porque decide asumir ese rol. Él tiene capacidad de elección y por lo tanto debe asumir responsabilidades.

Suena lógico, suena razonable, pero no es así como funcionan las cosas. Al menos bajo mi punto de vista.

Como he dicho antes, hombres y mujeres somos títeres de un sistema que evoluciona y se adapta. En cada momento histórico. Los hombres no solo realizan los trabajos más duros por propia y libre decisión. También actúan en base a lo que la sociedad y las propias mujeres esperan de ellos. Todos intentamos encajar en los roles que la sociedad nos ha otorgado.

La culpa no es el camino

Mientras venía a la biblioteca esta mañana, me venía a la mente el último libro de la Biblioteca Polymata: Decidido, de Robert Sapolsky. Su tesis es que en lo esencial ninguno de nosotros somos libres para decidir, y que todo lo que hacemos procede de causas previas sobre las que no tenemos control. De ahí que, la misma idea de “culpa”, es una idea equivocada. Creo que en vez de buscar enemigos y culpables, deberíamos enfocarnos en dar soluciones efectivas que beneficien a todos.

Los hombres han hecho, y todavía hacen, cosas que perjudican a las mujeres. Pero la culpabilización y el escarnio no son justos ni útiles. Mi punto de vista es que deberíamos poner foco en ayudar a las personas que sufren. Algunos por ser mujeres, otros por ser hombres, otros por ser pobres, otros por ser obesos y otros por ser feos. Dado que todos hacemos lo que podemos con lo que tenemos, ayudemos a los que más sufren (independientemente de su sexo y condición).

Pero no estigmaticemos a hombres ni a mujeres porque eso no nos lleva a ninguna parte. No olvidemos, por supuesto, lo que han sufrido las mujeres durante milenios, sumidas en un sistema que las infantilizaba. Pero tampoco olvidemos a los hombres: campesinos, obreros, pescadores y soldados, que pagaban con sufrimiento, incluso con su vida, por defender y proveer a su familia.

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Archivado en: Historia, Política Etiquetado con: feminismo, historia, patriarcado

Val Muñoz de Bustillo

Interacciones con los lectores

Comentarios

  1. pepe jordana dice

    29/06/2025 en 10:06

    Sobre lo de que “nunca ha existido una sociedad matriarcal en el sentido de una sociedad dominada por mujeres” te recomiendo el libro “The Alphabet Versus the Goddess” (a work of historical anthropology by American surgeon Leonard Shlain, published by Viking Press in 1998).

    Responder
  2. Edu dice

    09/07/2025 en 11:53

    Buenas, Val. Te descubrí hace poco por el podcast de Marcos Vázquez y me pareció muy interesante tu manera de hablar y de opinar. Dicho esto, justo lo último que has escrito es un tema que me interesa mucho y en el que me gustaría discutir un poco 😀

    Creo que, a la hora de hablar de machismo y patriarcado, hay que intentar compartimentae muchos temas distintos y ser capaz de separarlos. Sobre el patriarcado, es obvio que existen dos enfoques diferentes:
    – El patriarcado institucional, en el que el poder directamente limita los derechos de las mujeres (un Irán de la vida)
    – El patriarcado social, en el que, si bien hombres y mujeres gozan de los mismos derechos, los sesgos, prejuicios y costumbres culturales hacen que tanto hombres como mujeres deriven hacia ciertos comportamientos y asunciones. Este, por suerte, sería el caso de España.

    Aquí, estoy de acuerdo en que algunos discursos feministas pretenden equiparar una cosa con la otra, como si pudieran resolverse de la misma manera. Esto está igual de relacionado con el otro punto que comentas (y con el que también estoy de acuerdo) de que se hable del patriarcado como una suerte de ente malévolo y organizado en el que una serie de hombres planea cómo atacar a las mujeres, en lugar de un sistema social complejo basado en la costumbre y los prejuicios de todos los ciudadanos, hombres y mujeres. El primer enfoque es simplón y maniqueo, y afrontar temas como el techo de cristal desde un prisma de “me pagan menos por ser mujer” no conduce absolutamente a nada.

    Pero el “cretinismo” de algunos discursos tampoco debe alejarnos del problema subyacente. Como mostrabas en la primera parte, hay estadísticas sobradas que muestran que los roles de género siguen muy presentes en la sociedad: cuidados familiares, reparto de tareas domésticas, violencia sexual… Son temas que están presentes, y que se pueden y deben afrontar con mentalidad feminista y de manera razonada, independientemente de que haya discursos de feministas que sean estúpidos, enajenados o identitarios. Esto es como si Green Peace propone que para acabar con el cambio climático dejemos de usar coches y vayamos todos en bici: ese discurso ecologista es estúpido, pero poner freno al cambio climático no deja de ser importante por ello. Como leí en una ocasión, el feminismo no debería considerarse como un movimiento, sino como un objetivo, que cada uno enfoca de una manera distinta y no siempre igual de efectiva.

    Sobre el aspecto biológico, creo que es innegable que algo debe de haber, pero a mí personalmente no me gusta enfocar mucho la discusión desde ese lado. En primer lugar, y desde el punto de vista personal, no me gusta la idea de que “soy un violador en potencia porque así me lo dictan mis genes”. Creo que como individuos racionales podemos aspirar a más.

    Y en segundo lugar, y desde un punto de vista más razonado, me quedo con lo que dijo John Stuart Mill de que “hasta que no se críen un hombre y una mujer en un escenario idéntico, no se puede probar fehacientemente si hay diferencias biológicas o se deben a la distinta educación recibida” (no sé por qué he puesto comillas, porque no es una cita directa, lo he puesto de memoria, jajaja). Tirando de caso personal, yo tengo una niña de 4 años, en mi casa somos muy feministas y mucho feministas, y aun así he visto cómo mi niña, que estaba obsesionada con el color amarillo, según ha empezado el colegio, ha empezado a decir que ahora prefiere el rosa. He visto cómo, a pesar de saber qué ideas tenemos mi mujer y yo, le han regalado maletines rosa de enfermera, disfraces de princesa o incluso (en serio) una fregona y una escoba de juguete. He visto la manera en que han adaptado su manera de hablarle por ser niña, y creo que es más importante poner foco en todo ese condicionamiento social que en las posibles diferencias biológicas. Y una nota sobre la elección de profesiones en los países “con más igualdad”: en los países nórdicos hay una tasa bastante superior de violencia de género que en España, por ejemplo. Así que quizás habría que revisar cómo se mide esa igualdad.

    Por último, quería comentar sobre lo que comentas de los efectos negativos que tiene el patriarcado también en los hombres. Estoy de acuerdo en los hechos: los roles de género que impone el patriarcado a los hombres (los chicos no lloran, etc etc) derivan en cosas como una mayor tendencia a la violencia (tanto a ejercerla como sufrirla, porque si el porcentaje de hombres asesinados es alto, más alto aún es el de hombres asesinos), o en una mayor tasa de suicidios por la mayor dificultad masculina de exteriorizar sentimientos y buscar ayuda ante el riesgo de “ser débiles”.

    Pero no estoy de acuerdo en la manera en la que se enfoca este asunto, como un reproche a las mujeres por no hablar también de nosotros. Si el patriarcado es negativo para los hombres, ¿no significa eso entonces que, efectivamente existe, es negativos y hay que combatirlo? ¿No deberíamos sumarnos los hombres en lugar de invalidar la lucha de las mujeres porque “no nos tienen en cuenta”? Lo cual, además, creo que es un poco falso. Sí, hay discursos feminazis que prácticamente proponen independizarse de los malvados hombres, pero la mayoría de veces que veo posicionamientos en contra de esos roles de género que penalizan a los hombres… vienen también de entornos feministas y progresistas. Mientras que los entornos más reaccionarios, conservadores y antifeministas, que enarbolan datos como el de “mueren más hombres que mujeres” no lo hacen desde la propuesta por arreglarlos, sino desde una especie de visión de “no te quejes de tus cosas de mujer, que yo tengo las mías de hombre. Apechuga”. Lo que quiero decir, en resumen, es que muchos discursos feministas han fracasado en instrumentalizar inteligentemente estas desventajas del hombre por culpa del patriarcado, pero eso no significa que sigan siendo argumentos de peso para seguir combatiendo el patriarcado.

    Oye, disculpa el tochazo tremendo, me he venido arriba ^^’ y enhorabuena por tu proyecto

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