El 28 de enero de 1986, el mundo contenía la respiración mirando al cielo. 73 segundos después de despegar, el transbordador espacial Challenger se desintegraba en el aire frente a las cámaras de televisión. Fue una tragedia humana devastadora y, durante un tiempo, un misterio técnico absoluto. Nadie, ni los ingenieros de la NASA, ni la prensa, ni el público, sabía a ciencia cierta qué había fallado.
Sin embargo, a miles de kilómetros de Cabo Cañaveral, en el parqué de la bolsa, algo extraño estaba ocurriendo.
El transbordador había sido construido por cuatro contratistas principales: Rockwell, Lockheed, Martin Marietta y Morton Thiokol. En los minutos posteriores a la explosión, las acciones de las cuatro compañías empezaron a caer. El pánico es una reacción normal en los mercados ante la incertidumbre. Pero lo curioso fue lo que sucedió a continuación.
Al final de la jornada, tres de esas empresas habían recuperado gran parte de su valor, cerrando con pérdidas de apenas un 3%. Pero la cuarta, Morton Thiokol, se desplomó casi un 12% y allí se quedó. No hubo ningún comunicado oficial de la empresa, tampoco filtraciones públicas. Pero una masa anónima de inversores, procesando fragmentos de información dispersa, había llegado a una conclusión: Thiokol era la responsable. (ver estudio)
Seis meses después, la Comisión Rogers confirmó que la causa del accidente fue una junta tórica defectuosa fabricada, efectivamente, por Morton Thiokol. Lo que a la comisión le costó meses averiguar, el mercado lo “supo” en cuestión de minutos.
Hoy vamos a hablar de una de las capacidades más codiciadas del ser humano: la capacidad de predecir el futuro. Lo haremos a través de la mejor herramienta de la que disponemos actualmente: los mercados de predicción.
Veremos cómo es posible que un grupo de extraños motivados solo por el dinero sea más inteligente que un panel de expertos. Nos preguntaremos sobre la sabiduría de las masas, y aprenderemos a usar los mercados de predicción para predecir el futuro mejor que los propios servicios de inteligencia. Empecemos.
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De la feria de ganado a Hayek (La Teoría)
Para entender por qué los mercados de predicción funcionan, tenemos que irnos mucho más atrás del Challenger. Tenemos que viajar a una feria de ganado en Plymouth, en 1906.
Allí estaba Francis Galton, un polímata británico que vivía obsesionado con la estadística. Galton observó un concurso donde la gente tenía que adivinar el peso de un buey desollado. Participaron 800 personas: desde carniceros expertos hasta gente que no había visto una vaca en su vida.
Galton, que era un poco elitista, pensaba que la gente de la calle era estúpida y que no se acercarían si quiera al peso del animal. Pero se equivocó. Cuando analizó los datos, vio que el promedio de todas las estimaciones fue de 1197 libras. El peso real del buey era de 1198 libras. El pueblo se equivocó por menos del 0,1%.
El importante concepto que subyace de esta famosa anécdota es la sabiduría de las masas. Esta idea, que popularizó tiempo después un periodista estadounidense, consiste en lo siguiente. Si juntas a un grupo diverso de personas y les pides que tomen una decisión de forma independiente, sus errores tienden a anularse entre sí. De modo que el ruido desaparece y lo que queda es la señal: la verdad.
Pero cuidado, opinar es gratis. Y no es lo mismo intentar predecir el peso de un buey que si Irán y EE. UU. entrarán en guerra en 2026. Si te pregunto “¿Crees que EE. UU. entrará en guerra con Irán este mismo año?”. Lo más seguro es que no te lo pienses mucho. Responderás guiado por tus prejuicios, preocupaciones y con impulsividad. Normal, ya que no vas a sufrir ninguna consecuencia si te equivocas.
Aquí es donde entra en juego el concepto de jugarse la piel, que tanto defiende Nassim Taleb.
Un mercado de predicción es una “bolsa” donde, en vez de apostar por empresas, apuestas por si ocurrirá un hecho.
Imagina un mercado donde en vez de comprar acciones de empresas, compras y vendes contratos sobre hechos futuros.
Por ejemplo, compras un contrato que dice: “si EE. UU. ataca a Irán en 2026 se te pagará 1 euro”.
Ese contrato es muy simple: si ocurre, el mercado te paga 1 euro; si no ocurre, te paga 0.
Así que te hago la pregunta a ti: ¿cuánto pagarías hoy por ese contrato?
Si en el mercado se está pagando un contrato por 60 céntimos, lo que está diciendo el conjunto de compradores y vendedores es: creemos que esto tiene, más o menos, un 60% de probabilidades de pasar.
¿Y cómo cambia el precio? Muy simple: si mucha gente (o poca gente metiendo mucha pasta) cree que es más probable de lo que marca el precio, compra contratos, sube la demanda y el precio sube. Si creen que es menos probable, la gente vende y el precio baja. Vamos, como cualquier otro mercado que no esté regulado.
Pero, ¿cómo es posible que un mecanismo tan sencillo sea tan potente? El economista y premio Nobel Friedrich Hayek nos dio la clave en 1945. Hayek decía que la información en el mundo está dispersa. Nadie lo sabe todo, pero todos saben algo. El sistema de precios es una máquina de comunicación que agrega toda esa información dispersa en un solo número.
En un mercado de predicción, si tú sabes algo que los demás no saben, tienes un incentivo financiero brutal para comprar o vender uno de esos contratos. El mercado te paga por revelar tu verdad y te castiga (quitándote el dinero) si te dejas llevar por tus sesgos o por la ignorancia.
La evidencia de los datos (Realidad vs. Opinión)
Todo esto suena muy bonito en la teoría, pero, ¿funciona en la práctica?
La evidencia empírica es sorprendentemente robusta. El ejemplo más conocido es el Iowa Electronic Markets, creado en 1988. Los datos son contundentes: Al comparar sus predicciones con casi 1000 encuestas tradicionales a lo largo de varias elecciones presidenciales de EE. UU., el mercado de Iowa fue más preciso que las encuestas el 74% de las veces. Cierto es que los mercados no son tan superiores cuando haces una buena selección de encuestas y agregas los resultados.
Pero no hace falta irse tan lejos. Miremos la historia reciente.
En las elecciones estadounidenses de 2024 pudimos ver la superioridad de los mercados predictivos. Por un lado estaban las encuestas tradicionales realizadas por los medios. Unas semanas antes, la mayoría daban un empate técnico entre Trump y Kamala Harris. Por otro lado, Polymarket, el mayor mercado de predicciones del mundo, predecía la victoria de Trump con un 65% de probabilidades.
Muchos dijeron que el mercado estaba manipulado por “cripto-bros”. ¿El resultado? El mercado detectó la señal correcta antes que nadie. Como dicen en el póker: “El dinero no miente, la gente sí”.
Y esto no aplica solo a política. Empresas como Google o Ford han usado mercados internos. Hay un caso clásico de Hewlett-Packard, donde usaron un mercado interno con sus propios empleados para predecir ventas. El mercado de los empleados batió a las predicciones oficiales de la directiva en 6 de cada 8 ocasiones. El vendedor de a pie sabe si el producto es bueno antes que el CEO.

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Los Límites y la Oscuridad (Dónde falla el oráculo)
Ahora bien, sería poco honesto decir que hemos encontrado el oráculo milagroso. Si aplicamos el pensamiento crítico, tenemos que buscar las costuras del sistema.
El psicólogo Philip Tetlock, autor de Superpronosticadores, señala límites claros.
El primero es el horizonte temporal. La precisión decae exponencialmente con el tiempo. Los mercados son imbatibles en periodos de meses, pero si intentas predecir a 5 o 10 años vista, la cosa se pone muy fea. El “efecto mariposa”, los “cisnes negros”, y “la información oculta” hace que predecir si Irán será atacado por EE. UU en 2035 sea imposible.
El segundo es la manipulación. ¿Puede alguien con mucho dinero mover el precio? Sí, pero es arriesgado. En 2024, un trader francés apodado “la ballena” apostó millones a favor de Trump. Parecía que quería manipular el mercado, pero resultó ser un convencido de la victoria del futuro presidente. Además, la teoría dice que manipular es caro: si inflas el precio artificialmente, estás regalando dinero a quien apueste en tu contra sabiendo la verdad.
Eso sí, no seamos ingenuos. Hay gente dispuesta a gastar mucho dinero para cambiar la percepción de los medios. Y si ven que pueden hacerlo “tirando” su dinero en mercados predictivos, lo harán.
El tercer límite es que en todo mercado que se precie, existe la especulación.
Piensa que no estás obligado a quedarte con el contrato hasta el final. Puedes venderlo en cualquier momento, siempre que haya compradores. Así que muchos traders no buscan acertar si un evento sucederá o no. Lo que hacen es intentar predecir lo que la gente piensa. Es decir, cuando compran acciones que afirman que la conquista de Groenlandia por parte de Trump tendrá lugar en 2026. No lo hacen porque piensen que va a ocurrir, sino porque creen que la gente piensa que va a ocurrir. Esto inflará (al menos temporalmente), el precio de esas acciones por encima de las probabilidades reales.
Como ves los mercados de predicciones no son, ni mucho menos, perfectos. Pero en muchos casos es lo mejor que tenemos.
Manual de uso personal (Groenlandia y el ansiolítico)
Llegados a este punto, quizá os estéis preguntando: “¿Y yo qué hago con esto?”.
La respuesta es que podéis usar los mercados de predicción como un filtro de mierda.
Mirad lo que está pasando hoy mismo, en este inicio de 2026.
Si abrís los periódicos esta semana, los titulares son alarmantes. Se habla de “tensión geopolítica máxima”, de que Estados Unidos está presionando agresivamente para comprar Groenlandia y que Trump amenaza con aranceles brutales a Europa si Dinamarca no se sienta a negociar.
Con este bombardeo continuo es inevitable pensar que estamos ante una situación muy grave. Si a esto le sumas el futuro bombardeo sobre Irán, el ataque de Taiwan por parte de los chinos, etc, etc. lo raro es que no sufrir de ansiedad.
Pero ahora, en vez de abrir el periódico, id a Polymarket y buscad: “Will the US acquire part of Greenland in 2026?”, ¿qué veis?
A pesar de todo el follón que se ha armado, el mercado le está dando una probabilidad de apenas el 20% (a 21 de enero de 2026). Y esto teniendo en cuenta lo que ya te dije sobre la especulación. Así que la probabilidad real seguramente es menor.
¿Qué significa esto? Que la gente que se juega su propio dinero cree que en toda la retórica de Trump hay más ruido que realidades. Creen que es una táctica de negociación, un farol, o teatro político, pero que la compra real es improbable.
El mercado es vuestro ansiolítico. Cuando el titular os venda el fin del mundo, mirad el precio. Si la probabilidad es baja, respirad tranquilos.
Otra aplicación práctica que podemos aprender de los mercados es el “test de la apuesta”.
Cuando estéis muy seguros de algo, preguntaos: “¿cuánto dinero apostaría a que es verdad?“.
De repente, la certeza desaparece. Esa simple pregunta nos obliga a ser honestos y a ser conscientes de nuestro exceso de confianza.
¿Puedo ganar dinero en los mercados predictivos?
Seguramente, después de escuchar todo esto, te estés haciendo la pregunta del millón: “Vale, si esto funciona tan bien… ¿puedo ganar dinero con ello?”.
La respuesta honesta es: Sí, se puede. Pero lo más probable es que acabes perdiendo dinero.
Para entender por qué, hay que comprender la arquitectura de estos mercados. A diferencia de la Bolsa de Valores, que es un juego de suma positiva (las empresas crean valor, la economía crece y todos pueden ganar a largo plazo), un mercado de predicción es un juego de suma cero.
Para que tú ganes un euro, alguien tiene que perderlo obligatoriamente. Y si encima sumamos las comisiones de la plataforma o las tarifas de transacción, se convierte en un juego de suma negativa.
Los datos respaldan la teoría: En un estudio realizado en sobre movimientos de Polymarket se ve como cerca del 70% de las apuestas pierden dinero. Las ganancias siguen una distribución extrema donde una minoría minúscula (traders profesionales, algoritmos de arbitraje y creadores de mercado)se lleva la inmensa mayoría del beneficio.
El problema del usuario promedio es que confunde acertar el evento con acertar el precio. Imagina que estás seguro al 90% de que el Real Madrid ganará la Champions. Vas al mercado y ves que la acción de “Real Madrid Gana” cuesta 95 céntimos. Tu instinto te dice “apuesta, van a ganar”. Pero un matemático te diría “es una mala idea”. Estás pagando 95 por algo que tú mismo valoras en 90. Aunque el Madrid gane y tú cobres el euro, habrás hecho una mala inversión y a la larga esa forma de actuar te hará perder dinero.
Entonces, ¿quién gana dinero aquí? Ganan los que tienen una ventaja informativa real. No ganan apostando a quién ganará las elecciones de EE.UU. Por qué ahí casi todo el mundo tiene la misma información. Ganan apostando en nichos oscuros: la aprobación de un fármaco específico, un dato climático concreto o una decisión de tipos de interés donde ellos han hecho un análisis superior al resto.
Así que mi consejo es claro: usa los mercados para leer el futuro y calmar tu ansiedad, no para intentar pagar la hipoteca. Si te sientas en la mesa de póker y no sabes quién es el primo… el primo eres tú.
Decisiones políticas con mercados predictivos
Antes de terminar, dejadme plantearos una idea radical. Una idea que propuso el economista Robin Hanson y que se llama Futarquía.
Hoy en día, los políticos nos prometen que si suben el salario mínimo, la economía mejorará. Unos dicen que sí, otros que no. Nadie pierde nada si miente. En una Futarquía, nosotros votaríamos el objetivo mediante referendun (por ejemplo: “Queremos que el PIB suba un 3%”). Y luego, los mercados de predicción decidirían las medidas que nos llevarían al objetivo.
Por ejemplo, se abrirían dos mercados: uno que apueste a “Si subimos el salario mínimo, el PIB sube” y otro a “Si NO subimos el salario mínimo, el PIB sube”. La medida con la cotización más alta se convierte en ley automáticamente. Al finalizar el periodo, los traders que hayan acertado se llevan las ganancias y el resto pierde.
Es decir, despediríamos a los políticos como gestores y pondríamos a cargo a la inteligencia colectiva jugándose el dinero. Suena a locura, o quizás a distopía, pero nos muestra el verdadero potencial de esta tecnología: dejar de discutir opiniones y empezar a gobernar con datos.
CONCLUSIÓN: Mapas para la incertidumbre
Así que, ¿podemos predecir el futuro?
La respuesta corta es no. El futuro no está escrito.
Pero sí que podemos reducir la incertidumbre en algunas cuestiones. Y en el complejo mundo de la geopolítica, la política, las constantes innovaciones, la economía, el clima…, ver la realidad con algo más de claridad puede ser de ayuda.
Los mercados de predicción nos dan una lección de humildad. Nos enseñan a pensar en probabilidades, no en certezas. A dejar de decir “esto va a pasar”, y empezar a decir “esto tiene un 20% de probabilidades de pasar… así que no voy a perder el sueño por ello”.
Así que la próxima vez que veáis un titular gritando lo que va a ocurrir mañana, sed escépticos. Preguntaos: ¿Qué dice el dinero? ¿Qué dice la gente que tiene algo que perder? Buscad la señal entre el ruido.
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