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Captura de Maduro: tu cerebro quiere un bando

Pensamiento crítico, Política · 10/01/2026

Trump acaba de capturar a Maduro y los titulares se han llenado de mensajes totalmente polarizados.

Si intentas tener una postura lo más ecuánime posible en asuntos así, tienes por delante una tarea realmente difícil.

Lo vi con Israel y Palestina, y lo veo de nuevo ahora. Cada día, ciudadanos de todo el mundo —cuyas vidas no tienen nada que ver con estos lugares — nos distanciamos más. Hasta el punto de enfadarnos y acusarnos de inmorales, fascistas, prodictadura… y otras lindezas.

A mí esto me entristece profundamente. Y me afecta.

No tengo la solución para esta polarización tan destructiva, pero sí tengo algunas explicaciones y herramientas que quiero compartir hoy contigo. Como hilo conductor, voy a hablar de lo que ha ocurrido estos últimos días en Venezuela.

Hoy vamos a poner los hechos encima de la mesa, ver las distintas posturas ante la intervención de EE. UU. en Venezuela, entender por qué es tan difícil analizar estos temas con calma.

Empecemos.

También puedes escucharlo en Spotify, iVoox o Apple.

¿Cuáles son los hechos?

Cuando analizamos cualquier situación, lo primero es separar los hechos de las interpretaciones y los juicios. Y evitar saltar a conclusiones. Porque, por mucho que tengamos una postura firme, la realidad es que sabemos bastante menos de lo que creemos. Si no partimos de la humildad, olvídate de hacer un análisis crítico decente.

Repasemos los hechos clave a día 5 de enero de 2026.

1) Qué ha pasado

Entre la noche del 2 de enero y la madrugada del 3, EE. UU. ejecutó una operación militar que terminó con la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores, y su traslado a Estados Unidos. El gobierno estadounidense lo justifica diciendo que Maduro y su esposa están acusados de narcoterrorismo. Fuentes: Reuters (3 ene 2026, relato de la operación)

La legalidad de la operación es discutida: en EE. UU. se apoya en acusaciones previas y se presenta como ‘aplicación de la ley’. Pero, en derecho internacional, muchos la ven como una violación de la soberanía y del principio de no uso de la fuerza. Y aquí hay una realidad incómoda. En el sistema internacional no existe una “policía” por encima de los estados. Las normas cuentan, pero su cumplimiento depende de poder, alianzas y de si alguien puede imponer costes. Fuentes: Naciones Unidas

Mientras escribo estas líneas, 5 de enero, Maduro está bajo custodia federal en Nueva York y tiene su primera comparecencia ante un tribunal federal en Manhattan. Fuentes: Reuters (5 ene 2026)

En Caracas, el chavismo ha movido ficha: Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de Maduro, queda como presidenta en funciones. Fuentes: Reuters (4 ene 2026, perfil y “acting president”)

Bien. Esos son los hechos básicos. Ahora: ¿por qué el régimen ya venía tocado?

2) Por qué el régimen de Maduro estaba tocado

El régimen de Maduro estaba tocado por dos lados: el de la legitimidad democrática y el de los crímenes perpetrados sobre su propia población.

En las elecciones de 2024, el gobierno de Maduro se declaró ganador sin mostrar ni una sola prueba. Esto llevó al Panel de Expertos de la ONU a concluir que el proceso no fue limpio. El Centro Carter y otros observadores internacionales cuestionaron la falta de transparencia del recuento oficial y pidieron resultados desagregados.

Por su lado, la oposición recolectó y publicó más del 80% de las actas oficiales. Según estas actas, Edmundo González Urrutia habría ganado por un margen amplio (en torno a dos tercios, según esas actas).
Fuentes: AP (13 ago 2024, panel ONU) · Reuters (29 jul 2024, “73.2% of vote tallies”) · AP (2 oct 2024, Carter Center y “over 80%”)

Se pueden dar muchos datos que demuestran el fracaso absoluto del régimen de Maduro, pero para mí el más claro es el éxodo que ha tenido lugar desde 2014. ACNUR sitúa el total de desplazados en casi 8 millones. Teniendo en cuenta que la población de Venezuela era de unos 30 millones de personas en 2014, esto supone el exilio de uno de cada cuatro venezolanos.
Fuentes: · ACNUR (en español)

Y como todo dictador que se precie, Maduro y su estado represivo ha llevado a cabo detenciones arbitrarias, tortura y otras violaciones graves de los Derechos Humanos. Esto ha sido documentado por la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos (ONU).
Fuentes: Informe A/HRC/57/57 (PDF, 17 sep 2024)

3) Cuáles son las razones de EE. UU.

El Departamento de Justicia de EE. UU. acusó en 2020 a Maduro por narco-terrorismo.
Fuentes: DOJ (26 mar 2020)

Pero Trump, al explicar la operación del 2 de enero, no ocultó sus cartas. Dijo claramente que no solo iba de “hacer justicia” y luchar contra el narcotráfico. Dedicó buena parte del discurso a hablar de reconstruir el sector petrolífero, con petroleras estadounidenses al mando. Y también aludió a la doctrina Monroe: la idea de que EE. UU. no quiere potencias rivales metiendo pie en el continente.
En otras palabras: Trump quiere sacar a rusos y chinos de Venezuela, y no lo esconde.

Fuentes: Reuters (3 ene 2026, “US will run Venezuela”) · Reuters (3 ene 2026, petróleo e inversión)

Resumiendo, Donald Trump usó la acusación legal sobre Maduro para poder intervenir en Venezuela sin necesitar la aprobación del Congreso, pero sus verdaderos objetivos parecen ser principalmente geopolíticos: petróleo y control político/militar. De paso, saca los colmillos y demuestra a sus enemigos el poder que tiene EE. UU. para intervenir en otros países cuando lo considere conveniente. Esto último es una interpretación mía, pero que encaja bastante bien con la retórica “trumpiana” y que Trump utiliza para afianzar la lealtad entre sus seguidores.

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Ahora que tenemos los hechos encima de la mesa, vamos a ver cómo se interpreta esto desde cuatro marcos ideológicos:

Marcos ideológicos

1) Marco anti-injerencia

Aquí la idea central es: “esto sienta un precedente peligrosísimo”. Aunque Maduro sea un criminal, la crítica es que EE. UU. ha violado la soberanía de un país y ha ejecutado una captura extraterritorial.

Y añaden: “el problema no es solo Venezuela; si esto se normaliza, mañana lo hará Rusia o China”.

En este bando suele haber gente muy diversa: desde liberales y socialdemócratas hasta conservadores institucionalistas. Y también periodistas y juristas que, sin simpatía por Maduro, ven el método como una ruptura grave de reglas internacionales.

2) Marco antiimperialista (a menudo pro-Maduro)

Aquí el mensaje, dicho sin rodeos, es: “esto es imperialismo”. Para esta postura, EE. UU. debe devolver a Maduro y dejar de actuar como una potencia colonial.

Y la acusación de fondo es: “Trump no quiere democracia; quiere control e intereses”: petróleo, expulsar rivales e influencia regional.

En este bando solemos encontrar a parte de la izquierda antiimperialista, al chavismo duro, a simpatizantes del eje China-Rusia-Irán y a sectores de Latinoamérica con desconfianza histórica hacia la injerencia de EE. UU.

3) Marco anti-Maduro

Aquí lo que se destaca es: “se ha eliminado a un autócrata”. Lo importante es que cae el núcleo del régimen y se abre una oportunidad real de transición.

Y lo expresan así: “el futuro sin Maduro puede ser mejor”: elecciones, liberación de presos políticos y reconstrucción institucional y económica.

En este bando suele encontrarse a buena parte de la oposición venezolana, la diáspora, liberales, sectores empresariales y también gente de izquierdas que considera al chavismo una dictadura.

4) Marco pro-Trump

Aquí el titular sería: “se hizo justicia”. Maduro era un narcoterrorista y un dictador; para esta postura, la captura era necesaria y urgente.

Y lo rematan con: “EE. UU. debe imponer orden”: esto disuade a otros tiranos y demuestra fuerza.

En este bando suele haber una parte de la derecha, especialmente la derecha populista, y sectores muy pro-EE. UU. que celebran el estilo de acción directa de Trump.

Igual que con Palestina e Israel, lo de Venezuela no es solo una cuestión humanitaria o de libertades. Para mucha gente es un símbolo: una forma de reafirmar identidad y atacar al adversario. Entender esto es clave para entender la polarización que levantan estas cuestiones.

Dificultades para hacer un análisis crítico

Ya hemos puesto los hechos sobre la mesa y el desacuerdo se ve claro. Cada postura decide qué es “lo central”, y así es difícil llegar a puntos de encuentro.

También he dado una primera pincelada sobre la causa de esta polarización: este conflicto es un símbolo para mucha gente. Ser pro-Maduro o pro-Trump es como una bandera. Algo que te distingue de los demás y refuerza tu identidad. Por eso levanta tantas ampollas incluso entre personas a las que no les afecta en absolutamente nada de su día a día.

Otra dificultad para analizar bien estos conflictos es la necesidad de cierre. En psicología se usa para explicar por qué nos cuesta mantener una postura abierta. El cerebro quiere una respuesta ya. Posicionarte lo tranquiliza. Es como “vale, ya no me tengo que preocupar más por esto”.

Pero al cerebro le agota la incertidumbre. Le agota dudar y convivir con la ambigüedad. Y, como te puedes imaginar, la incertidumbre, la ambigüedad y la complejidad son el pan de cada día en geopolítica.

Incluso si consumes toda la información disponible en las redes, hay muchísimas interpretaciones posibles. Pero es que nunca tenemos toda la información, por lo que estamos tomando postura firme con un ojo tapado y una mano a la espalda.

Aun así, elegimos un bando y nos convencemos de que es obvio. De que todo el mundo debería pensar igual. Muchos incluso atacan verbalmente a quien no comparte su visión. Y es paradójico, porque en estas situaciones se acusa mucho de “falta de pensamiento crítico” mientras quien acusa cae en los mismos errores.

Y es que somos humanos. Humanos que, hace no tanto, corrían detrás de un mamut y su mayor proeza cognitiva era “leer” las estrellas. Nos guste o no, muchas veces tomamos postura por identidad. No estamos siendo justos, no estamos siendo racionales. Estamos siendo tribales.

¿Y entonces qué? ¿No debo posicionarme?

Algunos me tacharán de equidistante. No me preocupa. Empezar con un poco de equidistancia me parece un buen comienzo. Pero tampoco digo que debamos quedarnos ahí.

El pensamiento dicotómico nos impulsa a irnos siempre a un lado a otro. Es lo fácil y lo humano. Pero el pensamiento crítico no aspira a lo fácil, debe aspirar a la verdad.

Desde un punto de vista moral, apoyar a Trump o a Maduro no tiene mucho sentido. Si lo miras desde la ética de la virtud, ninguno es precisamente modélico. Pero no creo que lo esencial sea juzgar la virtud de los líderes. Muy pocos son ejemplares.

Creo que lo que toca evaluar es lo que está sucediendo. Intentar entender si lo del 2 de enero tendrá consecuencias netas buenas o malas. Dicho de otro modo, juzgar la decisión por sus resultados (ética consecuencialista).

Casi ninguna acción es puramente buena o mala. Siempre hay efectos colaterales y hay que meterlos en el cálculo. Como pasa con las cirugías, a veces el daño supera al beneficio. Y además, muchas acciones beneficiosas nacen de intenciones egoístas. Y al revés, muchas conductas dañinas nacen de buenas intenciones.

En mi opinión, si nos interesan las vidas de los venezolanos, la intención o el actor no son lo central (aunque tienen su importancia).

Si queremos ver si la captura de Maduro va a beneficiar a los venezolanos, no debemos fijarnos en si Trump va en busca del petróleo o quiere expulsar a los rusos de allí. Tampoco en si nos parece una buena persona o un patán. Debemos intentar predecir las consecuencias que tendrá la nueva situación política sobre los venezolanos.

Si intentas realizar una predicción, verás que no es fácil…

Puede que el chavismo aguante y que todo siga más o menos igual. Puede que entre un gobierno títere de Trump y se centre en favorecer a petroleras y poco más. O puede incluso que la oposición llegue al poder y lo haga peor que Maduro. No lo sabemos.

Mi objetivo aquí no es analizar todos los escenarios. Es hacerte notar lo complejo que es predecirlos y entender sus consecuencias. Por eso un pensador crítico debería ser más humilde y rebajar pretensiones.

Debería empezar diciendo “no lo sé”, “ya veremos”, “es difícil”. ¿Poco glamuroso? Lo sé. ¿Vas a ganar un concurso de popularidad? Seguramente no. ¿Algún amigo se enfadará contigo? Puede que no sea tan buen amigo.

Pero la complejidad es aún mayor de lo que parece. Abro otro melón. Lo que ocurre en Venezuela no solo afecta a los venezolanos. Afecta al mundo entero. Este tipo de intervenciones sienta un precedente.

Quizá ahora algunos tiranos se lo piensen dos veces antes de meterse con EE. UU.
O quizá Trump normalice la injerencia en otros países y esto sea el comienzo de un nuevo colonialismo.
O quizá aumente aún más la tensión mundial y los países suban su inversión en armamento, favoreciendo a las empresas armamentísticas y perjudicando a los contribuyentes.
O quizá sea el inicio del fin de dictaduras socialistas en América Latina. Quizá Cuba sea la siguiente. Quién sabe.

La verdad es que tenemos información incompleta y la predicción geopolítica es poco fiable, incluso entre expertos. La hemeroteca está llena de errores de sobre confianza: por eso conviene hablar sobre escenarios y probabilidades, nunca de certezas.

Esto puede parecer descorazonador. Si todo es tan complejo, ¿nunca tomo postura? Por suerte no todo es tan complejo como la geopolítica. Y creo que en muchas situaciones sí hay buenas razones para posicionarse después de un análisis cuidadoso.

Pero en muchas situaciones no hace falta tomar postura. Y hacerlo puede ser solo una vía de escape para sentirnos integrados en la tribu o para calmar la necesidad de cierre.

En mi Curso Avanzado de Pensamiento Crítico hablo de un rasgo que todo pensador crítico debería entrenar. Es la capacidad de aceptar la incertidumbre y la confusión temporal. A veces pasarán días, semanas o años hasta que puedas posicionarte con sentido en una cuestión. A veces no lo harás nunca. No pasa nada. Hay que habituarse a estar cómodo sin necesidad de posicionarse. Creo que al mundo le iría mejor.

Conclusiones

Primero, antes de opinar conviene separar hechos de interpretaciones. Si no, estamos discutiendo eslóganes.

Segundo, en temas así mucha gente no busca comprender lo que pasa, busca sentirse parte de un grupo. La postura en ese conflicto es bandera.

Tercero, el cerebro pide una respuesta rápida para cerrar el tema, pero en geopolítica casi nunca la hay.

Así que lo más razonable es ser un poco más humilde. Empezar por un no lo sé y luego Informarse bien, hablar de escenarios, de probabilidades, nunca de verdades absolutas.

No te pido neutralidad. Te pido honestidad. Aquí nadie ve el tablero completo.

Si te interesa el pensamiento crítico, si quieres ser capaz de analizar cualquier cuestión de la forma más objetiva y crítica posible, echa un ojo a la segunda edición del Curso Avanzado de Pensamiento Crítico.

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Archivado en: Pensamiento crítico, Política Etiquetado con: geopolítica, Naturaleza humana, necesidad de cierte, pensamiento crítico, psicología, tribalismo

Val Muñoz de Bustillo

Interacciones con los lectores

Comentarios

  1. Marga dice

    11/01/2026 en 10:23

    Un análisis muy acertado!
    Comparto la tesis de no posicionarse tan rápido ante los múltiples acontecimientos q se nos van viniendo encima…. cuando superaremos el “partidismo”? Tan difícil es comprender q se puede estar de acuerdo con creencias de distintas ideologías sin q te llamen veleta?
    Gracias por tus reflexiones!

    Responder
  2. Eduardo Cabrera dice

    11/01/2026 en 14:39

    Coincido con tu análisis.
    El 4 de enero publiqué en mi muro de Facebook:
    “LA CAIDA/DETENCIÓN DE MADURO
    Qué difícil es salirse del esquema “aprobar o desaprobar”, “bueno – malo”, “blanco o negro”…
    Lo que pasaba en Venezuela era dramático por donde se lo mire, basta con tener en cuenta sus millones de exiliados, aunque podríamos mencionar también el retroceso económico y la represión interna.
    ¿Pero eso significa que la intervención del “Comisario Trump” entonces está justificada y debe ser aprobada?
    No. En principio esta intervención es una más en la larga lista de invasiones e intervenciones imperialistas de los EEUU para someter y sojuzgar a otros pueblos.
    Las invasiones siempre se presentan por “buenos motivos”. Nunca se declara: “invadimos para hacer negocios”, o “nos interesan sus recursos naturales”.
    Dicho lo anterior, es muy comprensible que millones de venezolanos sientan alivio ante la detención del dictador. También es comprensible que sientan temor, porque el régimen aún no ha caído, y se ignora que grado de resistencia opondrá (con las consecuencias que, para el pueblo, traería aparejada esa resistencia del régimen).
    La caída de Maduro es una buena noticia, pese a que no se sabe qué vendrá después.
    La forma en que cayó no es para festejar, aunque quizás no había otra manera.
    La realidad es así, está llena de grises. No ver toda la complejidad es auto limitarse. Es, de alguna manera, como atravesar una ruta de dos manos mirando hacia un solo lado.”

    Sin duda que se podría pulir bastante, pero creo que es un ejemplo de cómo se pueden presentar y analizar los hechos sin encolumnarse tras una tribu.

    Responder

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